Lo pequeño sublime

“Qué terrible es el silencio de lo inmenso,

cuando la naturaleza se alza con las montañas al cielo”J.M. William Turner.

 

   Desde las  montañas a los océanos, diversos han sido los lugares que fueron temidos y olvidados desde la antigüedad, pero a ellos se retorna gracias a la mirada de  literatos, viajeros, pintores y pensadores. Se vuelve el mirar y el sentir hacia la Naturaleza, que despierta una especial conmoción en el espectador que la contempla: la experiencia de lo sublime.

   La noción de sublimidad está unida a la de desmesura: lo sublime sitúa al alma por encima de cualquier límite, y su asociación a lo natural tiene que ver con un desbordamiento de la Naturaleza, que ocasiona un determinado sentimiento estético caracterizado por la mezcla entre pavor y una extraña atracción por aquello que supera al hombre y que no puede dominar- el dominio de un ser humano desposeído, que se diluye ante la grandiosidad e inmensidad del espacio donde se ubica-. Así pues, lo sublime está asociado a la noción de perplejidad.  Einstein afirmaba en  “Lo que creo” (1934):

La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados... Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan sólo en sus formas más primitivas... Este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosa.

 

     Lo sublime acerca a esta comprensión espiritual de la Naturaleza: el hombre se asombra, queda perplejo ante el entorno natural. Invadido por el objeto que contempla, el horror le inmoviliza, impidiéndole razonar: la fuerza de la emoción se antepone al razonamiento. Este asombro ocasionado por un posicionamiento del hombre ante la Naturaleza, para Burke, sería el efecto más alto de lo sublime. El asombrarse frente a una realidad de tintes metafísicos lleva a retomar el pensamiento clásico y su concepción del ser. La disposición de admiración ante lo real era concebida por los filósofos griegos como fundamento de la ciencia, disposición básica del ser humano.

Se busca, pues, una comprensión de la realidad que tiene que ver con el acceso del hombre al espacio de los primeros principios, que trasciende la distinción del sujeto que conoce a un objeto, pues investiga la profundidad de la realidad, que deviene dialéctica: en el mundo que nos rodea existe multiplicidad  pero también una unidad que es de cada cosa, articula el conjunto y genera mundo, haciendo de la naturaleza un conjunto organizado y no un caos.

BREVE CAÍDA
(2017)
Acrílico sobre tela.  30 X 30 cm
EL SOL MUERTO Y EL SOL NACIENTE
(2016)
Acrílico sobre tala.  60 x 40 cm
AVISTAMIENTO DE ONCE ESPECIES DE CETÁCEOS AL ATARDECER
(2016)
EL COMETA Y LA MONTAÑA AZUL
(2016)
Acrílico sobre tala.  60 x 40 cm
LA DANZA DEL SOL VIVIENTE
(2016)
Acrílico sobre tala.  60 x 40 cm
LUZ: LUNA, SOL, MAR
(2016)
Acrílico sobre tabla. 30 x 50 cm
PAISAJE CON ÁRBOL
(2016)
Acrílico sobre tela. 25 x 20 cm
ISLA Y FITOPANCTON
(2016)
Acrílico sobre tela. 30 x 24 cm
UN HURACÁN
(2016)
Acrílico sobre tabla. 14 x 35 cm